// Aunque parezca imposible…

«Un brote saldrá del tronco de Jesé, un vástago surgirá de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fuerza, espíritu de conocimiento y de respeto del Señor. En el amor del Señor se inspirará; no juzgará por lo que sus ojos vean, ni sentenciará por lo que oigan sus oídos; juzgará con justicia a los débiles y con rectitud a los pobres del país. La justicia será el ceñidor de su cintura; la lealtad, el cinturón de sus caderas. El lobo habitará con el cordero, el leopardo se acostará junto al cabrito. Ternero y leoncillo pacerán juntos; un niño pequeño cuidará de ellos. La vaca y la osa pastarán en compañía; juntos reposarán sus cachorros. El león, como un buey, comerá hierba. El niño de pecho jugará junto al agujero de la víbora y en la guarida del áspid meterá su mano el recién destetado. No harán ya mal ni causarán más daño en todo mi monte santo, porque el país estará lleno del conocimiento del Señor, como las aguas llenan el mar.»

(Is 11, 1-9)

Chamis, como parte del proyecto pastoral del Colegio Santa María del Pilar, participa del objetivo que la comunidad colegial propone cada curso como eje de la actividad educativa. El lema que nos convoca este año es “Aunque parezca imposible…”: una invitación a la utopía que nace de la profecía de Isaías (capítulo 11) y que se concreta en cinco dibujos (alegres, cercanos y rompedores) para cinco momentos especiales del curso. Los dibujos son obra de Rogelio Núñez SM.

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Frente a la realidad de nuestro mundo, en el que las relaciones entre los individuos y los grupos están marcadas por la desigualdad, la violencia, el miedo, la amenaza, la competitividad, el individualismo… aún nos cabe soñar y luchar por hacer nuestros sueños realidad.

Antes de rendirnos, de tirar la toalla y de sucumbir nosotros mismos a ese estilo de relaciones, podemos abrir nuestros oídos y el corazón al grito del profeta Isaías. Rodeado de una realidad no menos dura, hace suya la utopía del Reino, la promesa de Dios. Sueña con un mundo marcado por el respeto, la acogida, la colaboración, la riqueza que aporta toda diversidad, el valor de lo distinto, el mestizaje por encima de la segregación, la solidaridad y el trabajo en equipo.

No está soñando con un paraíso de la fantasía: los protagonistas son tan reales como tú y como yo: el lobo, el cordero, el oso, el león, los niños… ¿Imposible? Para Dios no hay nada imposible, ni tampoco para los que se empeñan en transformar a partir de sus gestos, sus palabras y sus opciones, nuestras relaciones, convirtiéndolas en espacios de encuentro, de vida y de crecimiento.