// Camino de Santiago

Caminar.

Sí, podríamos decir que el Camino de Santiago es caminar. Es casi una redundancia. Pero caminar no es sólo desplazarse utilizando las piernas. Tiene mucho que ver con vivir. Cuando durante más de diez días despiertes y cargues en tu espalda con todo lo que necesitas para tirar (¡sí: cabe todo en una mochila!); cuando saludes a cientos de personas que, como tú, se dirigen a Santiago con un ¡buen camino!, y sientas que algo te une a ellos para siempre; cuando comprendas que lo importante no es llegar, sino disfrutar y vivir el camino; cuando los días de lluvia te cueste avanzar; cuando te emociones por algo tan nimio como ver salir el sol; cuando te brote un gracias, sin saber muy bien a qué o a quién, por todo lo que tienes… entonces comprenderás que el Camino es una pequeña parábola de la vida.

El Camino de Santiago es una experiencia adulta que os proponemos como parte muy importante del proceso de Chamis al final de 1º de Bachillerato. Claro que cansa, que hay días malos y que puedes tener ampollas, tendinitis y otros problemas... pero se vive con un sentido, poniendo los ojos en la meta, superándose a uno mismo y, sobre todo, sintiendo que no estamos solos.

A todos los que hemos hecho el Camino nos ha cambiado la vida de alguna manera. No como lo hacen las experiencias corrientes, sino en profundidad.

Estar preparado para el Camino de Santiago no es irse a caminar mucho unos días antes. Tampoco es comprarse el material más técnico. Te prepararás mejor si dedicas un tiempo a estar contigo, a solas. Y si te atreves, levanta la cabeza y pide que el que está arriba haga que la experiencia te ayude para la vida. Recuerda el poema de Kavafis: «Más lejos, id siempre más lejos». Santiago sólo es la meta. La Vida la encontraremos en el Camino.